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El remedio es morirse


POR Aníbal Cjharry Gonzáles

Eso es lo que le toca a un colombiano del común con los medicamentos que se comercializan en nuestro país, donde las multinacionales que representan los laboratorios se llenan las alforjas como en ninguna otra parte del mundo pues las drogas curativas y paliativas valen hasta 2000 por ciento más que en otros países. ¿Por qué?, pues no hay que hacer mucha pesquisa para saberlo.

Sí, que rareza, codicia y corrupción, que de la mano de la endémica falta de control del Estado, hace florecer estas dos protoplagas, teniendo como adehala la insensibilidad por los problemas de la humanidad, que desde luego escasea donde abundan estas lacras del lucro siniestro.

Tal es lo que se concluye después de leer una crónica de Juan Gossaín sobre el tema que produce rabia e indignación (El Tiempo febrero 14). Luego de comparar el precio de los medicamentos de marca en Colombia con los de otros países como Venezuela, Panamá y Ecuador para no ir muy lejos, se encontró con que valían algunos 365 por ciento más que allá, al punto de que como lo averiguó con un farmaceuta, de cada diez personas que se acercan a la droguería a comprar esos productos, 7 se van con las manos vacías. Y no podía ser de otra manera, ya que la mayoría devenga apenas el salario mínimo, y escasamente tiene para medio comer, quedándoles literalmente imposible comprar La droga y condenados a que el remedio sea morirse, pues como también lo indagó Gossaín, en nuestro país es más barato un ataúd que un remedio.

Y si los remedios de marca son un escándalo, los llamados genéricos no se quedan atrás, con el agravante de que los médicos, no todos claro, fletados por los laboratorios extranjeros, no los formulan con el pretexto de que los genéricos no sirven para nada fomentando el despreciable negocio, que desde luego se lo creen gran parte de los pacientes, que salen a engordar el bolsillo de unos y otros aupados por la falacia lucrativa, pues Gossaín también hizo examinar los ingredientes de ambos medicamentos encontrando que son idénticos y sin embargo nuestros pulcros médicos no los recetan, condenando a los pacientes a la ruina o a la muerte. Peor infamia imposible.

Gossaín se pregunta con razón después de su desgarradora crónica, lo mismo que nos preguntamos todos. ¿A qué se deben las abismales diferencias de precio de los medicamentos? ¿A exceso de impuestos? ¿A voracidad de fabricantes, distribuidores y vendedores? ¿A falta de control del Estado?

Y tenemos que responder con don Juan, que todo junto reducido a codicia y corrupción sin control alguno, pues no hay que olvidar que también pagamos la gasolina más cara del planeta cuando somos productores de petróleo y nada pasa, pues aquí nadie protesta, salvo cuando no le hacen favores los políticos. No hay remedio, me dijo un huilense de a pie comentando el asunto. Es que a este país se lo llevó el putas y lo dejó caer, y por eso estamos como estamos.

Y por supuesto tuve que darle la razón. Qué remedio. 






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